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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Francia: huelgas y las paradojas del desarrollo

           Los franceses tienen fama de huelguistas, sobre todo cuando temen perder derechos sociales adquiridos. Las huelgas de hoy son masivas, en ellas participan millones de personas, pero nada tienen que ver con las míticas movilizaciones de mayo del 68 cuando estudiantes reclamaban una sociedad menos conservadora y más libre.


          Las manifestaciones del 7 de setiembre de este año, la más grande de los últimos años y que congregaron entre 1,5 y 3 millones de personas –según  la fuente sea de la policía o los sindicatos - revisten un carácter menos romántico y mucho más concreto  que la de los jóvenes barbudos de los años sesenta. Aunque, dado que han transcurrido más de cuarenta años desde  las históricas trincheras parisinas, los sesentones que desfilaban este 7 de setiembre últimos eran probablemente los mismos que desafiaron a Charles de Gaulle en el 68. Solo  que ahora reclaman porque el gobierno de Sarkozy quiere postergar la edad de la jubilación, que en Francia fue fijado a los 60 años en la década de los 80, cuando gobernaba François Mitterrand.
         A diferencia de los sistemas privados de pensiones, al estilo estadounidense, que se sustentan en jugar con el dinero en la bolsa, el sistema francés se basa en la solidaridad. Es decir que son los jóvenes con sus aportes a los fondos de pensiones los que hacen que sea posible pagarles la pensión a los mayores. Un sistema que era el orgullo de muchos países europeos y que hasta ahora funciono, más o menos sin falla.
           Fueron los socialistas quienes adelantaron la edad de la jubilación de 65 a 60 años y son ellos ahora quienes se encuentran entre la espada y la pared, sin saber que proponer, porque el sistema no da para más.
            El principio de solidaridad en la pensiones funciona cuando existe una ancha base se población joven que puede sostener  a una punta más pequeña de gente mayor. ¿Pero qué pasa cuando las tasas de natalidad son tan bajas que no llega ni siquiera a renovar la población y la esperanza de vida se prolonga mucho más allá de los 80 años? El sistema se vuelve insostenible. Una pirámide invertida en la que los ciudadanos activos son muy escasos  para sostener  a una masa de jubilados cuya esperanza de vida se acrecienta, gracias a los progresos de la ciencia y la tecnología.

          Paradojas del desarrollo: el deseo de maternidad es inversamente proporcional al enriquecimiento de un país. Una de las soluciones seria abrir las puertas a la inmigración. Los inmigrantes legales contribuirán a sostener  el sistema  son sus aportes a la seguridad social  y el crecimiento de la población , pues las mujeres inmigrantes tienen más hijos que los nativos franceses. Aunque esa mayor natalidad decrece en la segunda generación, cuando las chicas que han aprovechado la educación y el bienestar del Primer Mundo deciden, a su vez, tener un solo hijo y mucho después de los 30 años.




lunes, 15 de noviembre de 2010

¿Cual debe ir primero el apellido paterno o materno?

         Leía una columna de unos de mis periódicos favoritos EL PAIS.com, que en España ha causado polemica la nueva ley que determina que los padres deberán especificar los apellidos del bebé al inscribirle en el registro, y que, en caso de desacuerdo u omisión, ya no prevalecerán por defecto los del varón, sino el orden alfabético.



        
          Aquí revisaremos ciertos datos importantes con respecto al registro de los apellidos en algunos países que creo nos darán un panorama más claro por decirlo de algún modo como hemos ido evolucionando con el tiempo y que tanto nos falta:
ü  Francia:
        Solo hay un apellido, así que los progenitores deben elegir entre el del padre, el de la madre o ambos unidos. Existe una vieja costumbre aún arraigada por la cual ella pierde el apellido al casarse.
ü  Italia:
        Los hijos de las mujeres casadas o los que han sido reconocidos por el padre toman el apellido paterno. Si la madre es soltera, le da su nombre. Todo italiano está registrado con un solo apellido, el paterno. Pero desde hace un año, es posible añadir el materno, aunque no en el momento de inscribir el nacimiento, sino tras un trámite que dura cerca de un año. También se puede sustituir si se considera vergonzoso o por motivaciones personales.
ü  Rusia:
       Legalmente impera la igualdad. Solo existe uno, el paterno o el materno. En la época soviética, hubo parejas en las cuales uno de los miembros era judío y descartaron el apellido de este origen por las futuras dificultades que podría causar a su hijo para, por ejemplo, encontrar trabajo. Con la mayoría de edad, se puede cambiar el apellido. Cuando las parejas se casan, se les pregunta qué quieren hacer. La ley permite elegir, pero por tradición es la mujer quien cede en favor de que se inscriba el del marido.
ü  EE UU:
         Amanda Birmingham Bonds nació Amanda Joyce Zane Birmingham. En EE UU es impensable no tener, desde la cuna, lo que se denomina un "nombre del medio", que no es exactamente el nombre compuesto de España y es una referencia para toda la vida. Así, hay que pensar en dos nombres para el bebé.                                                                               
         Ese "nombre del medio" -George W. Bush hijo, George H. Bush padre- suele ser el nombre de pila de un allegado.


          Amanda tuvo dos: Joyce y Zane."Era un nombre muy largo para las cuentas del banco", dice. El problema llegó al casarse. Por tradición, debía adoptar el del marido, Anthony Bonds. "No estaba dispuesta, era una seña de identidad", explica. Pragmática, convirtió su apellido de nacimiento (el paterno Birmingham) en su middle name y prescindió de los originales. Amanda es ahora Birmingham Bonds. El papeleo le llevó unos dos meses. Las mujeres suelen perder su apellido al casarse. La tendencia actual es la practicada por Amanda. Ambas opciones suelen dar problemas cuando la pareja se divorcia. El proceso de recuperación de identidad es larguísimo, y en este caso, además, doloroso. Los estadounidenses no entienden que la mujer mantenga su apellido. Para ellos, en el caso de tener hijos, es una incomodidad y "nada seguro", relata una profesora. "¿Cómo sé yo que a quien le entrego el niño es la madre si el apellido no es el mismo que el del pequeño?".
ü  Portugal:
        Primero, el de la madre y después, el paterno. Pero en la práctica la primacía real la tiene el padre. Eso vale para documentos oficiales, firmas, etcétera.
ü  Japón:
         El apellido precede al nombre (Kan Naoto, y no Naoto Kan, es como se llama al actual primer ministro) y se emplea, salvo en casos de extrema cercanía, para dirigirse a alguien. En Japón solo se utiliza uno y la ley estipula que un niño recibe automáticamente el que figura en el koseki (el registro de familia). Pueden inscribirse con el de la esposa o el del marido. Casi siempre, ella adopta el de él (y por ende, su descendencia). En caso de divorcio, pueden recuperar su apellido de solteros y modificar el de los hijos.
ü  Reino Unido:
       La tradición, y no una ley, siguen dictando la primacía del apellido paterno. Así registra a sus hijos el grueso de las familias y es el que suelen adoptar ellas al casarse. Muchas lo mantienen tras el divorcio. Previo acuerdo de la pareja, los bebés pueden recibir el materno o los de ambos (y en el orden que deseen), pero pocos lo hacen.
ü  Sudáfrica:
         Por costumbre, prima el del padre. Por ley, desde 2001, el recién nacido puede ser inscrito con el paterno, el materno o, de estar de acuerdo los progenitores, con ambos separados por un guión. Las casadas mantienen su apellido y pueden añadir el de su marido. Los nacidos fuera del matrimonio se inscriben bajo el materno o bajo el paterno si él está de acuerdo. La legislación permite que, en caso de que una madre soltera se case, el bebé asuma el apellido de su padrastro o cambiar el de los niños en caso de divorcio o muerte del padre.
ü  Alemania:
        Los matrimonios pueden adoptar el apellido de la esposa o el del marido como "nombre de familia". El que elijan será el que lleven los hijos. También pueden conservar sus respectivos apellidos tras el matrimonio, en cuyo caso deberán determinar cuál de los dos recibirán los hijos que tengan en común.

       Los analistas temen que este modelo, teóricamente objetivo, provoque que dentro de unos años escaseen los apellidos que comiencen por las letras finales del abecedario. No solo eso. También peligran los apellidos comunes. Los González, Rodríguez, López y Pérez. Todos podrían desaparecer -o al menos comenzar a escasear- en aras de otros más llamativos. No por casualidad al presidente del Gobierno español  se le llama Zapatero, en lugar de Rodríguez, su primer apellido. Aunque, quién sabe, si esto es así, dentro de un siglo puede resultar distinguido apellidarse Fernández.
         Al terminar esta columna concluyo que somos una sociedad muy inconforme con las propias reglas que ponemos nosotros, el mundo girara´ igualmente sin nuestras propuestas absurdas y no por esto seremos más iguales simplemente procuremos ser más equivalentes al proponer nuestras reformas.

domingo, 7 de noviembre de 2010

La doble moral de las personas al tomar decisiones cotidianas

        Como responderán los ciudadanos de los países democráticos al líder de un país, más bien, antidemocrático cuando nos pide que no critiquemos la pena capital de Irán dado que algunas naciones occidentales todavía tienen castigos mortales.

       La situación es más bien rara y me gustaría saber si estos occidentales también han protestado contra los Estados Unidos, por ejemplo sus crímenes en Afganistán. Sospecho que la mayoría no. Los occidentales se han desensibilizado con el alto número de ejecuciones legales en Estados Unidos. No obstante nos horroriza la idea de que una mujer muera en Irán masacrada por la lluvia de piedras.
        En agosto, encontré una página de internet que describía varias formas de cocinar un gato. Sin importar si era broma o en serio, los defensores de los derechos humanos de los animales elevaron la voz en todo el mundo. No me gustan en particular los gatos pero creo que son una de las pocas criaturas que no se dejan ser explotadas por sus dueños - al contrario, los explotan con cinismo olímpico – y su afecto por la casa prefigura una forma de patriotismo. Entonces, me repugnaría que me dieran un plato de estofado de gato. Por otra parte, los conejos me encantan, y aun así me los comería sin ningún escrúpulo.


      Me escandaliza ver perros pasear libremente en sus casas chinas, jugando con los niños, cuando  todo el mundo sabe que serán comidos a fin de año. Pero los cerdos – animales altamente inteligentes, según me dicen – vagan en las granjas occidentales, y a pocos les preocupa el hecho que su destino sea convertirse en jamón. ¿Que nos inspira a considerar incomibles ciertos animales cuando los antropomorfizamos, mientras otras criaturas adorables – terneros, por ejemplo, o corderitos- nos parecen eminentemente apetitosas?

       Los humanos somos animales muy raros, capaces de mucho amor y de cinismo aterrador, igual dispuestos a proteger un pez de color que a hervir una langosta viva, aplastar un ciempiés sin remordimientos y tildar de bárbaro al que mata una mariposa. Similarmente, aplicamos una doble moral cuando enfrentamos dos sentencias capitales nos escandalizamos con una y nos hacemos de la vista gorda con otra. Algunas veces me siento tentado a coincidir con el escritor rumano Emil Mihai Cioran, quien afirmo que la creación, una vez que escapo de las manos de Dios, debe haber quedado a cargo de un demiurgo: un chapucero torpe, incluso tal vez un poco ebrio, que se puso a trabajar teniendo en mente algunas ideas bastante confusas. 

 

viernes, 5 de noviembre de 2010

Karl Popper: maestro del pensamiento liberal

      Sir Karl Raymund Popper nació en Viena el 28 de Julio de 1902, hace exactamente un siglo. Perteneció, sin ningún genero de dudas, a esa admirable elite de creadores que floreció en la capital del imperio austro-húngaro entre finales del siglo diecinueve y principios del siglo veinte. Sin embargo, su importancia no reside tanto en la originalidad de sus ideas, como en la fuerza y claridad con las cuales las defendió. Su periplo vital lo llevó primero a Nueva Zelanda y después a Gran Bretaña, adoptando su ciudadanía y su lengua. Falleció en Gran Bretaña en el año de 1994.


       Desde muy joven, contando apenas diecisiete años y finalizada la primera guerra mundial, rompió filas con el partido comunista, al cual perteneció por unos meses apenas. Desde entonces, se convirtió en uno de los más fervientes críticos del marxismo, así como del método violento y poco científico sobre el cual se sustentaba. Su decepción del marxismo lo llevó a reflexionar permanentemente sobre la verdadera actitud racional que debe comportar la empresa científica y a buscar otra vía para la realización de los ideales humanitarios que el marxismo defendía, aunque en la práctica haya “creado un sistema de opresión sin paralelo en la historia”. Siempre trató de comprender paradojas como esta: por qué el deseo de liberación de la humanidad podía producir en la práctica un sistema tan represivo y oprobioso. En contra de lo que piensa la mayoría, los males sociales no eran consecuencia directa de personas mal intencionadas, sino más bien el subproducto no esperado de las intenciones de personas animadas por los más nobles ideales.
      Se propuso analizar con detalle la mentalidad que encierran los sistemas totalitarios y denunció al fascismo y al comunismo como las dos caras de la misma moneda: como la rebelión contra la sociedad abierta o como el deseo o anhelo de volver a la seguridad de la sociedad cerrada. El derrumbe de la sociedad abierta, que tuvo su origen en Grecia, trajo consigo un fuerte sentimiento de inseguridad y de “estar a la deriva”. Empero, este es el precio que debemos pagar por la libertad y por la emergencia del individuo. Para él, es esta tensión permanente entre el anhelo de libertad y el de seguridad lo que explica buena parte de los conflictos de la civilización humana.
     Tuvo una clara conciencia del poder de las ideas y de la responsabilidad de los intelectuales en buena parte de los males que aquejan a la humanidad.  Por eso mantuvo una actitud crítica incluso con las tradiciones a las cuales él decía pertenecer.
Sucede que no sólo soy un empirista y un racionalista al mismo tiempo sino también un liberal (en el sentido inglés de la palabra): pero justamente porque soy un liberal siento que pocas cosas son tan importantes para un liberal como someter las diversas teorías del liberalismo a un minucioso examen crítico.
         La necesaria matización de la cita anterior nos indica que ya estamos en presencia de un problema: el de que debemos aclarar en qué sentido somos liberales, puesto que con los rótulos de "liberal" y de "liberalismo" (así como de " racional" y de "racionalismo") designamos posiciones diferentes, tan diferentes que a veces pueden ser irreconciliables entre sí. Bajo estos rótulos incluimos opiniones de pensadores tan diferentes o políticas de gobierno tan diferentes entre sí que, al final, terminan perdiendo su sentido, se vuelven fórmulas vacías o conceptos sin contenido. O como señala Vargas Llosa: "Todos somos liberales, pues. Lo que equivale a decir: nadie es liberal". Esto no impide, claro está, que encontremos entre las distintas versiones de liberalismo rasgos generales comunes, que observemos un cierto "aire de familia".
        Uno de estos rasgos es el que Popper destaca como típico de la acepción inglesa de liberal: "llamo liberal no al simpatizante de un partido político, sino simplemente a un hombre que concede valor a la libertad individual y que es sensible a los peligros inherentes a todas las formas de poder y de la autoridad". En efecto, una de las constantes del pensamiento liberal es la creencia en la capacidad del individuo para hacerse responsable de su propio futuro o destino (qué si no esto puede entenderse por libertad) y para construir un mundo mejor, a pesar de todas las dificultades que supone esta tarea y sin que ello implique necesariamente una fe ciega en el progreso humano o la búsqueda de un orden social ideal o utópico.
        Como consecuencia de esta íntima desconfianza a toda forma de poder o autoridad y de su no menos íntima confianza en la libertad individual, podemos decir que el liberalismo roza en cierto sentido el anarquismo. Como él dice:" Todo aquel que está a favor de la libertad debe estar a favor de estar lo menos gobernado y tener el mínimo gobierno posible; así puede acercarse a la ausencia de gobierno, al anarquismo. El anarquismo es una especie de exageración de la idea de libertad".Esto plantea un problema central: el de la limitación de toda forma de gobierno en tanto que supone una amenaza a la libertad individual, así como la limitación de la libertad en tanto esta puede desembocar en anarquía o nuevas formas de tiranía, como la "tiranía de la mayoría".
       Otro de los rasgos generales del pensamiento liberal, y que también se desprende de lo anterior, es su pluralismo. Esto es, la creencia de que nadie puede poseer el monopolio de la verdad y de que la única forma como podemos acercarnos a ella es mediante el libre intercambio de opiniones, la libre competencia de hipótesis o de teorías. No es casual que tanto el espíritu de investigación científica como el espíritu liberal sean hijos de la actividad comercial, la cual supone un constante ejercicio de competencia y de complementación, un espíritu de negociación, de "toma y dame".
     El comercio supone la ruptura de los límites tribales, la confrontación con otras opiniones y valores. Dicho de otro modo, el comercio, el espíritu de investigación científica y las ideas liberales, sólo pueden florecer realmente en un clima de libertad y de pluralidad. Y en un mundo de complejidad creciente, la libertad, el pluralismo y la flexibilidad, se vuelven cualidades indispensables. Como lo señala J.O'Toole:
      "El pluralismo así deviene el único mecanismo efectivo para reconciliar las cuestiones controversiales que se encuentran en la sociedad moderna - conflictos entre aquellos que buscan una mayor libertad política y de mercado y aquellos que buscan una mayor igualdad y seguridad económica, entre aquellos que buscan una mayor eficiencia industrial y crecimiento económico y aquellos que buscan una más elevada calidad de vida".
        El enfoque pluralista es el único que nos puede ofrecer un marco apropiado de funcionamiento para un modelo democrático en el cual se deben de satisfacer los legítimos intereses en conflicto que siempre existen entre los miembros de la sociedad, teniendo en cuenta también que su satisfacción nunca puede ser completa o total. El pluralismo, si bien respeta la profunda desigualdad existente entre los individuos y sus intereses, no por eso está en contradicción con los ideales de un humanismo igualitarista. Con lo que sí es incompatible el pluralismo liberal es con la creencia en un dogma único, aunque se trate del "dogma liberal". La posible adopción de un pensamiento único no sólo sería contrario al sentido del liberalismo, sino que iría también en contra de lo que significa la propia cultura occidental. Por eso para Popper "el acuerdo del Occidente en torno a una sola idea, a una sola creencia, a una sola religión, sería el fin del Occidente, su capitulación, su rendimiento incondicional a la idea totalitaria".
      En este sentido, el pensamiento liberal es lo opuesto al espíritu de sistema, a la ideología total o a la idea totalitaria, al dogma o al fanatismo. El dogmatismo encierra el fanatismo y el fanatismo lleva al totalitarismo, esto es, en definitiva, a la pérdida de la libertad. Por eso es imposible encerrar el liberalismo, al menos tal y como lo entienden Popper o Hayek, dentro de un sistema cerrado o acabado de pensamiento, dentro de un nuevo dogma. Al respecto vale la pena citar un texto en el cual Hayek se reconoce muy próximo al pensamiento de Popper:
       "Popper y yo estamos de acuerdo en casi todos los respectos. El problema es que no somos neoliberales. Quienes así se definen no son liberales, son socialistas. Somos liberales que tratamos de renovar pero nos adherimos a la vieja tradición de que se puede mejorar, pero que no puede cambiarse en lo fundamental. Lo contrario es creer en el constructivismo racionalista, en la idea de que se puede construir una estructura social concebida intelectualmente por los hombres e impuesta de acuerdo a un plan sin tener en consideración los procesos culturales evolutivos".
      Hay otro aspecto que se desprende de este intento de convertir al liberalismo en un sistema único de vida o de pensamiento y que está en igual contradicción con él que el dogmatismo. Nos referimos a la opinión bastante extendida de que existe en definitiva un curso necesario que conduce a la hegemonía del pensamiento liberal en el mundo, que más tarde o más temprano todos los países caminan hacia una revolución democrática y hacia una economía de mercado, tesis avanzada por Fukuyama en su obra “El fin de la historia y el último hombre”. Con ello no hacemos sino convertir al liberalismo en una forma de historicismo con claro sabor hegeliano, tan atacado por Popper. Convertimos lo que es una mera tendencia en una "tendencia absoluta" -expresión híbrida completamente contradictoria- o en una "ley inexorable" de la historia. Pero no existen tales "tendencias absolutas", no existen tales "leyes inexorables" de la historia, no hay un curso único de la historia hacia un determinado punto. La historia no se dirige a ningún lado, entre otras razones porque no existe la historia como tal, sino diversas historias, múltiples interpretaciones de la historia.
         Tan ingenua y peligrosa como podía ser la creencia marxista de que un orden socialista mundial era una consecuencia inevitable del derrumbe igualmente inevitable del orden capitalista, sería el sostener ahora que de las cenizas del mundo comunista debe emerger de manera inexorable un nuevo orden mundial liberal económica y políticamente. Ya sabemos lo que le ocurrió a la "profecía" marxista. Nada impide que esta nueva "profecía" tenga un destino similar. “El futuro siempre está abierto”, señala insistentemente Popper. Por eso el historicismo, ya sea en su versión pesimista u optimista, es una señal de superstición y falta de imaginación.
La miseria del historicismo es, podríamos decir, una miseria e indigencia de imaginación. El historicismo recrimina continuamente a aquellos que no pueden imaginar un cambio en su pequeño mundo; sin embargo, parece que el historicista mismo tenga una imaginación deficiente, ya que no puede imaginar un cambio en las condiciones de cambio.
         Otro rasgo de familia de este liberalismo, que se desprende del reconocimiento del carácter provisional y parcial de las opiniones humanas y de las creencias, del reconocimiento del carácter falible del conocimiento humano, es el de la tolerancia. Se advierte claramente que la tolerancia se desprende de la falibilidad humana, al comprobar que la actitud opuesta, a saber, la actitud dogmática, o la creencia de que somos infalibles, nos predispone a la intolerancia, a la persecución, a la "caza de brujas". A continuación Popper nos resume los orígenes de esta tradición de tolerancia y sus raíces en la falibilidad humana.
        Fue esa doctrina de la esencial falibilidad humana la que revivieron Nicolás de Cusa y Erasmo de Rotterdam (quien alude a Sócrates); y fue sobre la base de esa doctrina 'humanista' (en contraposición a la doctrina optimista a la que adhería Milton, la de que la verdad siempre prevalece) sobre la cual Nicolas, Erasmo, Montaigne, Locke y Voltaire, seguidos por John Stuart Mill y Bertrand Russell, fundaron la doctrina de la tolerancia.
      Si la defensa de la libertad no implica llegar al extremo de la anarquía y la defensa del pluralismo no implica la adopción de un relativismo radical, la defensa de la tolerancia también supone límites, por lo que "debemos reclamar, entonces, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes". Popper expone esta actitud de tolerancia en los siguientes términos:
       Creo que tengo razón, pero yo puedo estar equivocado y ser usted quien tenga la razón; en todo caso discutámoslo, pues de esta manera es más probable que nos acerquemos a una verdadera comprensión que si meramente insistimos los dos en tener la razón.
       Esta disposición a conceder el beneficio de la duda al momento de defender nuestras opiniones, a reconocer que podemos estar equivocados y, sobre todo, a reconocer que el otro puede tener razón, aunque al comienzo pensemos lo contrario, es una disposición o una actitud de consecuencias invalorables en los asuntos humanos. Esta disposición supone que hagamos una diferenciación importantísima entre los argumentos que sostiene una persona y la persona que los sostiene. Esto implica que podemos atacar los argumentos de una persona, sin dejar por ello de respetar la dignidad de la persona que los profiere, que podemos criticar sus argumentos sin atacar directamente a la persona. Este cambio de espadas (swords) por palabras (words), constituye un paso decisivo en la evolución humana y supone que nuestros argumentos pueden morir en lugar de nosotros. En efecto, "no se mata a un hombre cuando se adopta primero la actitud de escuchar sus argumentos". En cambio, "es imposible tener una discusión racional con un hombre que prefiere dispararme un balazo antes que ser convencido por mí".

     Por todo lo anterior quizás sea más apropiado comprender al liberalismo como una actitud o como una disposición de autocrítica y de tolerancia, como un humanismo pluralista, en lugar de comprenderlo como una doctrina o como una teoría monolítica o unidimensional, que pretende defender sus ideas de manera dogmática. Esto explicaría, por lo demás, que podamos agrupar bajo este rótulo pensadores bastante diferentes entre sí, aunque todos ellos conserven un talante muy similar. Más que una teoría acabada o cerrada acerca del hombre y de la sociedad, el liberalismo defendería la necesidad de revisar siempre cualquier teoría, cualquier creencia, cualquier opinión. O como dice Bertrand Russell, en su estilo magistral:
      La esencia de la perspectiva liberal no descansa en cuales opiniones son sostenidas, sino en como son sostenidas; en lugar de ser sostenidas dogmáticamente, ellas son sostenidas tentativamente y con la conciencia de que nueva evidencia puede conducir en cualquier momento a su abandono.
      Gran parte de los graves conflictos humanos tienen su origen en la actitud opuesta a la que nos describe Russell, hunden sus raíces en el fanatismo, en la intolerancia y en la intransigencia. El liberalismo se opone al fanatismo y al fundamentalismo, así como el racionalismo crítico se opone al dogmatismo y a la pretensión de poseer la verdad absoluta. En tanto que los conflictos humanos son el resultado de la variedad de lo humano ellos son inevitables y hasta cierto punto deseables. Una sociedad completamente libre de conflictos sería todo menos una sociedad humana. Sería, nos dice Popper, no una sociedad de amigos sino una sociedad de hormigas.
     No puede haber sociedad humana que carezca de conflictos: una sociedad tal sería una sociedad no de amigos, sino de hormigas. E incluso si fuera obtenible, existen valores humanos de la mayor importancia que serían destruidos al lograr esa sociedad, y que por tanto nos disuadirían de intentar producirla. Por otra parte, es cierto que debemos producir una reducción del conflicto. Así tenemos aquí un ejemplo de pugna de valores o principios. Este ejemplo muestra también que las pugnas de valores y principios pueden ser valiosas y esenciales además para una sociedad abierta.
         Los conflictos son inherentes a las sociedades humanas, así como los errores son inherentes al conocimiento humano. El saber humano y la sociedad humana son precisamente eso: humanos; es decir, son incompletos, imperfectos, susceptibles de error, pero por eso mismo son susceptibles de mejoras y correcciones, a través de instituciones orientadas con ese fin. Esta es la esencia del liberalismo y del racionalismo popperiano. En ello reside la esperanza siempre presente de un mundo mejor.
        Verdad es que necesitamos de la esperanza; actuar, vivir sin esperanza es cosa que supera nuestras fuerzas. Pero no necesitamos más que eso y, por lo tanto, no se nos debe dar más. No necesitamos certeza.

miércoles, 6 de octubre de 2010

¿Que significa ser lider?

 

       
             En estos dias buscando entre algunos libros de mi padre encontre uno que hablaba sobre la familia Kennedy  y uno en especial sobre el politico estadounidense Robert kennedy - hermano del presidente norteamericano asesinado en Dallas en 1963- ,el cual expreso en 1968 aun grupo de jovenes :"El mundo exige las cualidades de la juventud, no un tiempo de vida, si no un estado de ánimo, un genio de voluntad, una cualidad de la imaginación, un predominio del coraje sobre la timidez del gusto por la aventura sobre el amor  a  la comodidad"




         Aunque vivimos en el tercer milenio y ser líder no significa solamente ser bueno. El líder tiene que mover e imprimir movimientos a otros, conducirlos a la libertad y al éxito, pero si no está preparado puede llevarlos al fracaso.

         La historia de la humanidad está en manos de los líderes. Ellos conforman la columna vertebral de una empresa con sus valores de vida. Desgraciadamente hoy existe ausencia de ellos. Hay un gran vacío en la juventud existencial.

         Las estadísticas del 97.4% de jóvenes muestra ausencia e injustificación en sus vidas. Consideran muchas veces sus vidas como inútiles y vacías.

         El líder hace las cosas bien, no busca razones para que no se puedan hacer, ni justificaciones para no hacerlas, y no son víctimas circunstanciales.

         En la actualidad existen muchos errores cometidos por generaciones de empresarios: así como manejan su automóvil por inercia, no están alertas y reman diariamente en las aguas inconscientes.

         No llegan a descubrir a la persona, no escuchan la música en su melodía esencial. Existe una inconsciencia colectiva, que está metida en el subconsciente.

         Se esperan milagros para que las cosas sucedan. Simplemente esperan que “algo” ocurra… echándole muchas veces la culpa a Dios, cuando el resultado no es como lo suponía.

Nadie puede adivinar o inventar el futuro. Cada día el líder lo desafía, desarrollando así su porvenir.

        Para eso tiene libertad, libre albedrío para decidir, positiva o negativamente, y así asumir las consecuencias, aceptándolas, estudiándolas.

       Ser libre significa tomar responsabilidades, porque esta es la columna vertebral de la vida. Se comprometen solamente los hombres libres. Compromiso es vivir la vida con vocación.

        Recuerde que la ruta de la excelencia se divide en dos: éxito o fracaso.
Echarle la culpa a otro es mediocridad. No acumule estupideces diariamente.
El 100% de los problemas existentes en las empresas se debe a los líderes: no tienen humildad por aprender de los triunfadores y jamás han dicho las palabras mágicas: NO SE.

         Recuerde que solamente los imbéciles, estúpidos y tontos dicen “imposible” porque los líderes creen en lo imposible.

        El hombre tiene que crecer diariamente para dejar a las nuevas generaciones la herencia de un mundo superior.

“El conocimiento no es de quien lo inventa, sino de quien lo usa” dice el refrán.

        Atrévete a amar tu labor, a luchar por tu equipo de trabajo, a coger la estrella que tira el mar en la orilla… y sálvarla.